AQUEL LEJANO MES DE AGOSTO

Durante algún mes de agosto muy lejano ya en mi memoria, me encontraba, como era mi costumbre, agotando los últimos días de mis vacaciones de verano en Piñor, una diminuta aldea situada en las montañas que rodean la ciudad de Ourense, a escasos 3 kilómetros y medio de la capital termal. Solía desplazarme allí con mis padres a visitar a mis abuelos y mi tío y, algún día que otro, organizar pequeñas excursiones a distintos lugares de esa tierra tan única y hermosa que es Galicia.

Uno de aquellos días, subí en el coche con mi tío, dispuestos a desplazarnos a alguno de esos rincones: Santiago, Ribadeo, Malpica… no importa. Justo después de arrancar y emprender nuestra marcha por las carreteras gallegas, mi tío encendió el radiocassete; de repente, el interior del coche se inundó de un ambiente espeso, como si una niebla nos hubiera invadido por sorpresa. Comenzaron a sonar unas guitarras lejanas, que parecían emitir un sentido lamento de siglos, quizá embargadas por la lluvia que, tímida, caía en el exterior. A través de la ventanilla, vi ante mí la ciudad de Ourense como nunca antes la había visto: bañada por el sonido de aquellas quejumbrosas guitarras, la vista de la ciudad de As Burgas alejándose en el horizonte me hizo sentir, por primera vez en mi vida, esa magia inexplicable y misteriosa que desprende la tierra gallega.

Desperté de mi ensoñación cuando el lamento de las guitarras se convirtió, de golpe, en un enérgico y duro riff que azotó mis oídos como ninguna otra música lo había hecho antes. De pronto, una voz gastada, cansada pero poderosa, y extrañamente atractiva, comenzó a relatar con rabia la historia terrible de un hombre cualquiera, cansado y ahogado por la miseria de sus días. Solitario soñador, solitario perdedor, decía la voz de aquel hombre.

Así, en aquel coche, con tan sólo los caminos asfaltados de la Galicia profunda delante de mí, aprendí lo que era el Rock and Roll. A través de aquellas guitarras, primero melancólicas y después atronadoras, conocí a Los Suaves. Y, entre aquellos versos que relataban el desgraciado destino de aquel solitario soñador, descubrí la sombra de ese trovador de la derrota y de la vida llamado Yosi. Aquel perdido día de agosto, tan lluvioso, tan gallego, tuve la enorme suerte de encontrarme en mi camino con el Rock and Roll, con Los Suaves y con Yosi. Bendita sea mi suerte.

Mucho tiempo después de aquello, y ahora que está más cerca que nunca su adiós, me dispongo a materializar en este inhóspito rincón de la red mi profundo amor al maravilloso legado de la banda y a la eterna obra de Yosi. No tengo ni idea de qué contenidos publicaré, ni qué estructura tendrán. Sólo puedo decir que, sea lo que sea que haga, lo haré con mi más sincero cariño y respeto a estas personas que, sin ninguna duda, son algo más que mi grupo favorito. Son parte de mí mismo.

Michel

P.D.: Este blog está dedicado enteramente mi tío, seguidor y amante de la banda desde hace décadas, a quien debo todo lo que he aprendido en el terreno musical y que es quien, queriéndolo o no, me ha traído hasta aquí. Gracias, gracias eternas.

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