FRANKENSTEIN: La maldición del monstruo

En uno de los más famosos bootlegs de los Suaves que circulan por la red, grabado en Barcelona poco antes de la salida al mercado de Santa compaña, es posible escuchar una versión acústica de un tema que muy pocos fans de la banda tienen entre sus favoritos: hablamos de No llores más por mí, incluida en aquel Frankenstein de 1984 que tan encontradas opiniones suscita entre los seguidores del grupo.

Saco a relucir esto porque, en esa grabación pirata, al terminar de tocar la mencionada versión acústica del tema podemos oír a Yosi diciendo al público “esta fue una canción de nuestro segundo LP, que fue un poco maldito”. Pues bien, he aquí el meollo del asunto. ¿Por qué es Frankenstein el disco “maldito” de los Suaves?

(Portada de Frankenstein)

Siempre que pienso en Frankenstein me vienen a la cabeza automáticamente los Leño y su segundo disco, Más madera. Viajemos a Madrid, año 1980.

Un año después de grabar su homónima ópera prima, uno de los mejores discos de Rock en castellano de la Historia, el trío madrileño ponía de nuevo los pies en el estudio con un buen puñado de temas en la mochila listos para ser grabados. Teddy Bautista, que ya se había hecho cargo de la producción y de algunos instrumentos en su álbum debut, volvía a ponerse a los mandos. Y ahí empezaron los problemas. Guiado por gustos personales o quizá por algún tipo de “recomendación” procedente de la discográfica, Zafiro, Bautista dotó al álbum de una producción extraña y sorprendente a partes iguales, cuyo resultado final está a miles kilómetros de lo que es (era) el sonido genuino de Leño. Javier Rodríguez Veiga, en su crítica del Más madera en La Fonoteca, define a la perfección el despropósito que supuso la producción aquel disco:

En este su segundo trabajo nos encontramos ante una dualidad desconcertante: buenas canciones aderezadas con una mezcla de estudio pésima. El grupo encuentra el responsable en la producción; el propio Ramiro Penas declararía que Teddy Bautista hizo con el disco “lo que le salió de los cojones”.

 

El disco […] nos muestra unos Leño más new wave, dulcificados y pop que en su anterior trabajo. Poco a poco, el devenir de canciones va mostrando un sonido de regusto empalagoso, sin vida, carente de frecuencias medias al final de la mezcla, aunque detrás se escondan algunas de las mejores composiciones del trío madrileño […].

 

En definitiva, un gran trabajo compositivo echado a perder por el resultado logrado en estudio. Un mal sueño ochentero a base de guitarras con más chorus que distorsión, unas baterías aberrantes y un bajo apagado; por otro lado, unas canciones más pensadas, hechas con la tranquilidad que da tener un disco en el mercado y una buena legión de seguidores. Pero suena mal, sinceramente mal.

La desafortunada producción del álbum, sin embargo, no supuso un impedimento para que temas como Cucarachas o La noche de que te hablé, entre otros, se convirtieran en auténticos himnos rockeros, quedando así demostrado que un mal trabajo técnico en un determinado momento no impide que el público sepa distinguir perfectamente el buen material del malo.

(Carátula interior de Más madera)

Avanzamos cuatro años en el tiempo y, por la antigua carretera nacional, dejamos este Madrid (que ni las ratas pueden vivir) y ponemos rumbo a la ciudad de As Burgas. Han pasado dos años desde la grabación de Esta vida me va a matar, pero los Suaves van a lo suyo, no paran. No faltan conciertos, ni en Galicia ni fuera de ella, pero la banda ya tiene suficientes temas nuevos como para plantearse la idea de dar forma a un segundo álbum.

Se repite el mismo proceso seguido para la grabación del primer disco. Los Suaves viajan a Gijón en junio de 1984, donde se encuentran los mismos Estudios Norte que albergaron el alumbramiento del primer LP de la banda. Repiten igualmente René de Copeau y Pedro Bastarrica como técnicos y Paco G. Rodríguez a los mandos de la producción, aunque acompañado esta vez por Julián Cabañas.

Aunque las nuevas canciones compuestas por Yosi siguen una línea claramente continuista con respecto a Esta vida me va a matar (con temas lentos cargados de oscuridad y melancolía y otros rápidos y viscerales), la Sociedad Fonográfica Asturiana, discográfica de la banda en estos primeros años, decide maquillar el sonido ramoniano tan característico de los primeros Suaves (y que resultaba brutal en directo), orientando la producción hacia un resultado más accesible que el de su ópera prima. Sin embargo, parece que el resultado final dejó la cosa, más o menos, en tierra de nadie: ni la discográfica consiguió que el disco sonara más adecuado para el circuito comercial, ni la banda pudo plasmar su auténtico sonido en aquel vinilo. Si a ello le sumamos los limitados medios técnicos con los que el disco se grabó, el resultado parece francamente poco alentador.

Sin embargo, al igual que sucedió con el Más madera de Leño, el nuevo material no era, ni mucho menos, de baja calidad. Las nueve canciones que conforman Frankenstein son grandes temas, y es una auténtica lástima que muchas de ellas hayan caído en el olvido por su mal sonido en este álbum. Aunque no es, ni de lejos, uno de los mejores trabajos de la banda (creo que esto está fuera de toda discusión) ni suena tan fresco como Esta vida…, sinceramente considero a Frankenstein un disco a reivindicar y a recuperar, y creo que su mala producción y su peculiar sonido forman también parte de su extraño encanto.

(Contraportada de Frankenstein)

Además, en cuanto a variedad, es uno de los discos de la banda donde podemos encontrar una mayor pluralidad de estilos, desde el sonido ligero y popero de No llores más por mí (una canción de los Suaves con teclados, parece mentira) hasta la atropellada y cruda Frankenstein (Todos somos el monstruo), posiblemente la canción más punk de la banda.

Por las noches es uno de esos retratos del universo nocturno marca de la casa de Yosi. Tocando fondo cuenta la historia de un joven que marcha a vivir a Barcelona y que, un año, después, acaba muerto (presumiblemente de sobredosis) “en un sucio portal”. Sospecho se nos presenta con un riff bastante atractivo y una letra en la que Yosi, en tono burlón, viene a decirle a su pareja que aunque ya no le quiera pueden seguir viéndose, ya suponemos para qué; “dejemos las tragedias para el cine”. En una línea completamente distinta, Mear contra el viento relata en primera persona una historia más propia de una escena de American Psycho que de otra cosa. Cierra el disco la maravillosa A Caín, primera canción de Yosi de temática bíblica y que en escasos 3 minutos resulta más original y transgresora que todo el Jesús de Chamberí de Mägo de Oz.

Pese a la buena calidad de las canciones del álbum, con el paso de los años tan sólo dos de ellas parecen haber encontrado un pequeño espacio en el setlist de los últimos tiempos. Por un lado, la triste y crepuscular Cuando la música termina (por su significado y por dar nombre a esta última gira, parece inexplicable que no tenga un hueco ahora), y por otro una de las canciones preferidas de muchísimos seguidores, la oscura y magnífica Una ciudad llamada Perdición, cuyo tono extrañamente épico la convierte en un himno en directo. Ambas fueron recuperadas y grabadas en la Gira de los 1000 conciertos, con un sonido “actualizado” que nos muestra claramente que, independientemente de la producción de entonces, el tantas veces criticado Frankenstein contiene unas canciones de enorme nivel y rebosantes de la más pura esencia suave.

En definitiva, casos como el de Leño y el de los Suaves no son sino la prueba de que una producción perfecta y cuidada hasta el más mínimo detalle no es garantía de calidad compositiva, y que da igual cómo suene una canción en una grabación de estudio, que si es verdaderamente buena, al final la gente acaba elevándola a la categoría que merece. En Frankenstein y Más madera (y otros muchos álbumes) hay grandes temas que no merecen caer en el olvido sólo porque el bajo suene mal, la guitarra no esté a buen volumen, o la discográfica entonces impusiera determinado sonido. Lo que verdaderamente importa es el alma de las canciones.

Un brindis por Tony Urbano y otro por el bueno de Hermes; allá donde estén, su bajo y su guitarra suenan para siempre en estos discos.

 

Michel

 

P.D.: Al final, resulta que va a ser verdad eso que dice mi tío: ¡Cuánto daño hicieron los 80! Creo que no hace falta explicar a qué parte de los 80 se refiere…

 

Si queréis escuchar el Más madera y el Frankenstein, aquí los tenéis (subidos por kunkeiro69):

 

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